PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Por eso, también vosotros estad preparados, porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.

Mateo 24:44

Hoy empezamos el tiempo de Adviento, un tiempo especial que nos regala la Iglesia para prepararnos convenientemente al nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo. Así nos lo anuncia el evangelista san Mateo: «Velad, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor (24:42) y «Vosotros estad preparados, porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre» (24:44).

Ese «estar en vela» se refiere con propiedad a permanecer en estado de vigilia, privándose del sueño, a la espera. Por lo tanto, tiene que ver con un estado del alma que permanece en una alerta esperanzada. Nosotros estamos llamados a mantener esta tensión entre lo que esperamos y lo que ya hemos recibido, o mejor dicho, entre a quien esperamos y que ya ha venido a salvarnos.

Esta espera es una espera dichosa, por eso decimos con el salmista: «¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa del Señor!» (121) y es que el Adviento es un tiempo de alegría porque «la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe» (Rom 13: 11)

Vivamos, pues, este tiempo litúrgico tan importante llenos de esperanza y confianza en el Dios que viene a salvarnos, meditando el gran misterio que nos ha dado nueva vida para celebrar posteriormente, el nacimiento del esperado y anunciado por los profetas, nuestro Señor Jesucristo.