COMO NIÑOS

El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante.

Lucas 9, 48

El Evangelio de hoy nos invita a revisar nuestra mirada sobre nosotros mismos. Esta puede ser ambiciosa e inhumilde, altiva y exclusivista e, incluso, intolerante.

Ante la ambición de los apóstoles y su pretensión de superioridad cada uno sobre los otros, el Señor contrapone la sencillez de un niño. Puesto a su lado, me imagino la carita sonrojada de aquel pequeño, mirando a aquellos altivos corazones con la dulzura y timidez de sus ojos, a lo mejor sin entender qué estaba pasando, por qué el Maestro había interrumpido sus juegos para abrazarlo a su lado. Pero los apóstoles sí que entendieron lo que pasaba y, al parecer, grabaron en su ser esta gran enseñanza: la humildad y la sencillez de los niños son nuestro punto de referencia.

Otra actitud que se ve contrarrestada es la del exclusivismo. El Señor les hace entender que conviene tener un corazón más abierto, uno que reconozca el bien del que es capaz el ser humano al margen de que profesen o no nuestra misma religión. Tolerar el bien aunque no provenga de nuestro grupo. Los conflictos intergrupales parecen ser inevitables, pero queda bastante clara la actitud que Jesús quiere que adoptemos, no solo en el plano interpersonal, sino también intergrupal.