EL MESÍAS DE DIOS

Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

Lucas 9, 18-22

Después de hacer oración, el Señor les pregunta a los suyos «¿Quién dice la gente que soy yo?» Es una pregunta por la identidad que ellos se han formado de Jesús. Hasta ese momento, esta no podía ser otra que la que había formado la convivencia con un hombre extraordinario, que hacía milagros y hablaba con autoridad palabras de Dios. El hijo de María de José, el galileo que traía de cabezas a las autoridades del pueblo, aquel que estaba revolucionando la forma de entender la relación entre Dios y los hombres. Pese a todo lo que ya habían formado en su interior los amigos de Jesús, él les prohíbe decírselo a nadie. Él es el Mesías, como afirma Pedro, pero la comprensión de este término no estaba todavía clara en medio de la gente.

Y es que la mayoría esperaba un Cristo, un ungido guerrero y, probablemente, en el pensamiento de muchos Jesús así lo era y esperaban que se manifestara abiertamente como Mesías liberador. Su ministerio, sin embargo, era de otra índole y su liberación del pecado y de la muerte solo se entendería en su plenitud tras la resurrección de entre los muertos. Por ello, tras indagar sobre su identidad anuncia su pasión, muerte y resurrección: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día» (9,22)