LA MOTIVACIÓN HERODIANA

A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas? Y tenía ganas de verlo.

Lucas 9, 7-9

Este fragmento del Evangelio que nos indica la liturgia de la Palabra de hoy hay que leerlo necesariamente en relación con Lucas 23, 8-12. En este pasaje vemos cómo Herodes pasa por varias fases en su encuentro con Jesús. En Lucas 9 se nos indica que «tenía ganas de verlo» y estas ganas venían suscitadas por los milagros que oía que Jesús hacía: quería ver a Jesús solo por curiosidad. Hasta ahí todo normal. Creo que muchos hemos tenido esa experiencia del encuentro con alguien que, de forma bien intencionada, nos pregunta por Jesús y nos pide razón de nuestra fe. Esa experiencia tiene su componente bonito tanto para el testigo como para el curioso.

El problema de Herodes fue su motivación de fondo: curiosidad en los milagros de Jesús. Por eso, cuando lo tuvo cerca «se puso muy contento» (23,8) porque su expectativa de verle hacer un milagro, por fin se llevaría a cabo. Al ver que Jesús no le contestaba nada, «lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato.» (23,11) ¡Menudo cambio! De la expectación al desprecio, de la curiosidad a la burla.

Creo que la enseñanza para nosotros está muy clara. ¿Cuál es la motivación al querer ver a Jesús? ¿Qué nos mueve en nuestra relación con él? Porque no será lo mismo querer ver a Jesús y relacionarse con él por él mismo, por lo que él es, a querer relacionarnos con él por lo que podamos obtener de él. Esa motivación herodiana puede ser toda una tentación para nosotros como Iglesia.