ANUNCIAR Y CURAR

Habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos.

Lucas 9, 1-2

Ha habido muchas cosas interesantes, muchas teorías sorprendentes y muchos conocimientos de temas variopintos que me han transformado a lo largo de estos años, sin embargo, sé que he sido llamado a anunciar la Buena Nueva del reino de Dios, que he sido comisionado para proclamar su luz. Las teorías y las cosas interesantes quedan en un segundo plano delante del conocimiento de Dios y de su Palabra. ¿Qué puede haber más interesante que el anuncio de Dios? ¿Qué puede haber más apremiante que su salvación, que decirle a la gente que Dios los ama?

Durante estos más de diez años de sacerdocio he visto a gente ser curada por el amor misericordioso de Dios. He visto rodar lágrimas de alegría ante este anuncio tan sencillo como potente: «Dios te ama». Es la medicina capaz de curar tantas enfermedades del alma, capaz de devolver la esperanza y la luz a tantas miradas. También he visto el poder sanador de Dios en el sacramento del perdón: almas que se liberan de sus ataduras interiores, que dejan allí en el confesionario o donde sea que estemos, el rencor y el odio que les consumía, las inseguridades y complejos o que simplemente encuentran un horizonte más claro hacia el cual empezar a caminar, levantándose de nuevo de su postración. Eso es sencillamente milagroso.

Igualmente, he visto milagros en el sacramento de la Unción de enfermos. Lo más desalentador es ver a un enfermo lidiar con un doble problema: su enfermedad y su actitud hacia ella. ¡Cuántas personas visitadas por la mano poderosa de Dios empiezan a recuperarse! Es el sacramento, es su cambio de actitud, es un todo complejo y hermoso en el que Dios hace su obra en el enfermo.

Así pues, todavía seguimos yendo «de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes» y esto no solamente desde el Orden Sacerdotal, sino también desde corazones generosos que son capaces de abrir el oído y el alma para devolver la esperanza a tantos necesitados.