VIRGEN DE LA MERCED

Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

Lucas 8, 21

En el capítulo primero de san Lucas leemos:

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra

Lucas 1, 38

Ella cumplió plenamente la palabra de Dios, conservándola en su corazón y concibiéndola en su vientre. Ella es por eso el modelo de discípulo cristiano, el ejemplo imitable al que deberíamos tender siempre en nuestro caminar. Me encanta aquello que dicen varios autores que María concibió primero en su corazón y después en su vientre, pero más aún me llena ver cómo seguía su profunda meditación después de haber dado a luz al Salvador: María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lucas 2, 19)

El relato que hoy escuchamos es toda una alabanza a la Madre: mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra y la cumplen, es decir, los que son como ella. Más allá de este escuchar y cumplir la palabra que María ha llevado a cabo de manera tan plena, Jesús nos descubre otro aspecto: la familiaridad con él no viene dada por vínculos de carne y sangre, sino, precisamente por la escucha y el cumplimiento de su palabra y no hay que olvidar que esta palabra tiene un nombre: Jesús de Nazaret.