SERVIR A DOS SEÑORES

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Lucas 16, 13

El texto de hoy en su original griego dice: «No podéis servir a Dios y a Mamoonás» (Ou dunasthe Theo douleuein kaj mamooná). Esta palabra (Mamoonás) se refiere a las riquezas y a las cosas materiales en general y es la personificación de una deidad según el pensamiento arameo en la época de Jesús; se podría decir, en este caso que, como entidad idolátrica que es, se contrapone directamente a Dios. Mamoonás haría referencia al ídolo que cautivaría el corazón y lo apresaría apartándolo del Dios vivo y verdadero y más tarde, al demonio de la avaricia, que puede llegar a perder al hombre en este pecado hasta tal punto de alejarlo de su Señor.

El problema, por tanto, no son las riquezas en sí mismas, sino el culto idolátrico que se les puede llegar a dar, aún sin saberlo, cambiando la fidelidad debida a Dios Creador por una fidelidad a la criatura, llegando a ser una perversión del orden lógico y un gran pecado contra el amor gratuito del Señor.

Lo propio de la idolatría está no solo en ese torcer el camino de la criatura con respecto a su Creador, sino en estancar el fluir y el crecimiento propio de la persona, cautivándola primero y atrapándola después en falsas seguridades, haciéndole ver como definitivo lo caduco y efímero, y como real aquello que es tan solo una quimera.

El «no podéis servir a Dios y al dinero», sería por tanto, la declaración de una imposibilidad real que se presenta cunado la idolatría se convierte en la base del comportamiento de una persona, en cualquiera de sus formas, pero especialmente, en la forma de idolatría a las riquezas. El corazón está tan obnubilado con el ídolo que poco a poco va perdiendo su luz hasta quedar iluminado solo por las penumbras de este, quedándose al final sin más luz que su propia oscuridad.