A tanto amor, mucho perdón

Colocándose detrás junto a sus pies, llorando se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Lucas 7, 38

No sabemos con certeza si la mujer lloraba por la alegría de haber sido perdonada o por el gran arrepentimiento de sus pecados, lo que sabemos es que con sus lágrimas mojaba los pies del Maestro y con sus cabellos los secaba; sabemos el significado profundo de este gesto: un gran amor cargado de una gran gratitud. Mostró tanto amor porque mucho se le perdonó.

Es conveniente revisar nuestro amor al Señor a la luz del ejemplo de esta gran mujer. Quizás nosotros tengamos también mucho que ser perdonado, pero lo más importante, como ella, es aceptar el perdón que gratuitamente nos ofrece Dios y seguir adelante. A lo mejor las sombras de nuestras malas acciones nos hagan llorar, pero estas lágrimas han de convertirse en motivo de alegría ante tanta misericordia como la que hallamos a los pies del Maestro.

El perdón que se recibe por tanto como se nos ha perdonado, se convierte dentro de nosotros en una apremiante invitación a obrar con los demás tal y como Dios ha obrado con nosotros. El perdón desbordante y misericordioso de Dios se convierte en fuente desbordante de misericordia para con el prójimo, de ahí la importancia de no solo reconocer sino saber vivir lo más plenamente posible el perdón misericordioso de Dios, ya que reconocerlo es permitirle fluir de nosotros hacia los otros.