UNA FE GRANDE

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos… Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

Mateo 15, 21-28

El Evangelio de hoy nos presenta un ejemplo de fe grande: una mujer que tiene conciencia de no pertenecer al pueblo de Israel y sin embargo va detrás de Jesús pidiendo lo que tan desesperadamente desea para su hija. Sabe que no es digna, y aún así insiste con la perseverancia de quien sabe detrás de quién está. Se trata de una extranjera audaz que no dudó ni un instante en pasar por inoportuna con tal de alcanzar del Maestro aquello que deseaba.

Esta mujer es un gran ejemplo de oración perseverante a pesar del conocimiento de la propia indignidad y pobreza delante de Dios. Muchos hay que oran pero no con esta actitud de corazón que mostró la mujer sirofenicia. Orar es fácil, hacerlo con esta insistencia, no tanto, ya que cada vez más tendemos al control, a lo inmediato, a desanimarnos si no vemos resultados. San Juan María Vianney escribió en relación a este tema: Vemos muchas veces que el Señor no nos concede enseguida lo que pedimos; esto lo hace para que lo deseemos con más ardor, o para que apreciemos mejor lo que vale. Tal retraso, no es una negativa sino una prueba que nos dispone a recibir más abundantemente lo que pedimos. (Sermón sobre la oración)

Que el Señor nos ayude a tener la perseverancia de fe en la oración de petición tal como nos enseña la mujer sirofenicia.