Médico para los enfermos

No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero no sacrificios

Mateo 9, 9-13

Según la Biblia de la CEE, los “publicanos” eran empleados de concesionarios privados para el cobro de impuestos, que reglamentaban los romanos, por el paso de mercancías de una circunscripción a otra. Tenían mala fama, tanto por su colaboración abierta con los romano como por su trato inevitable con productos y personas impuras; además, solían abusar en los cobros. Leyendo lo anterior, podemos llegar a preguntarnos ¿cómo es que el Señor llama a una persona así para que se convierta en uno de sus íntimos amigos? Ciertamente, quería dar, no solo una oportunidad a Mateo, sino también una lección: No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos.

Recuerdo que hace tiempo una pareja de esposos me recriminó el hecho de haber acudido varias veces al pueblo donde vivían y haber estado en casa de “esa otra pareja que ni casados estaban”. Recuerdo que les respondí que, precisamente estaba tratando de volverme su amigo, a ver si a mí me hacían caso más adelante y se daban cuenta de lo importante del matrimonio. Por su puesto, seguí yendo a casa de aquellos “pecadores” y comiendo a su mesa. Y es que es increíble cómo aún hoy funcionan las cosas de esta manera. Entiendo mi ministerio desde este estar con los más necesitados espiritualmente hablando, aunque sean los más mal vistos socialmente: ellos son los que necesitan médico, al Médico.

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