DANDO PLENITUD

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Mateo 5, 17-19

La Biblia está compuesta, como sabemos, por el Antiguo Testamento, donde se nos presenta, principalmente, la historia del pueblo de Israel, e igualmente está lleno de géneros literarios diversos que nos enseñan la sabiduría del pueblo elegido, la profecía, la apocalíptica y la poesía. El tema central es la obra de Dios en la historia del pueblo y la promesa de un salvador definitivo; la posesión de la tierra que mana leche y miel.

Luego tenemos el Nuevo Testamento, donde se nos narra por medio de cuatro testimonios distintos la vida y obra del Mesías esperado, de Jesús de Nazaret y el desarrollo histórico que tuvieron las primeras comunidades cristianas. Como vemos, el Nuevo Testamento se inserta en el Antiguo, es de alguna manera, continuidad de este, da un contexto en el que se desarrolla y se derrama el vino nuevo traído por Jesús.

El Antiguo Testamento se entiende verdadera y esencialmente solo desde la figura de Jesús, es por ello que Él constituye la plenitud del mensaje contenido en la primera parte de la Biblia, sin Jesús de trasfondo, el Antiguo Testamento sencillamente, no se entiende. Por eso dijo que no había venido a abolir la Ley sino a darle plenitud: Él ha venido a iluminar lo que estaba escrito en los antiguos libros y ha venido a desvelar su contenido de una manera plena.

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