LA VISITACIÓN

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

LUCAS 1, 45

María es modelo de creyente. Porque creyó en su corazón concibió en su vientre y gracias a su concepción, las promesas de Dios se cumplieron, no solo en ella, sino también para todo el género humano, especialmente la promesa del Redentor, así, el Esperado nació de un corazón creyente.


Pero la fe de María no se encerró en ella como algo que tuviera que ser vivido solo en la intimidad del corazón. Lo propio de la fe es abrirse, expandirse, salir. Ella fue al encuentro de una anciana necesitada y en este encuentro se obra el milagro de la unción del precursor.


Es también propio de la fe dar testimonio de la obra de Dios en cada uno de nosotros. Ella en respuesta al saludo de Isabel entona el canto del Magnificat, como popularmente lo conocemos, todo un gesto de alabanza a Dios. Aprendamos, pues, de María, creyente fiel, modelo de entrega y respuesta a Dios.

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