VUESTRA TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN ALEGRÍA

En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

Juan 16, 20

El Señor continúa en este capítulo con el tema de la despedida de los suyos: en breve desaparecerá de su vista tan solo en apariencia, será enterrado, en apariencia, todo habrá acabado. Luego les promete que volverán a verlo, anunciando de esta manera que habría de resucitar de entre los muertos, en ambos casos, el morir y el resucitar, se darán en un breve lapso de tiempo: Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver (Jn 16, 16)

La muerte del Señor en la Cruz fue motivo de tristeza y desconcierto por parte de sus discípulos, así que Jesús les anuncia el llanto, pero también el júbilo, la alegría que traería la resurrección: el luto se transformó en alegría; la alegría del mundo (aquellos que no lo recibieron ni creyeron en su nombre) se transformó en tristeza.

Esta misma dinámica la evidenciamos hoy en medio del hombre o la mujer que comienzan a vivir de acuerdo al Evangelio, los cristianos, necesitados de conversión constante, tampoco escapamos a este proceso: cuando lo mundano en nosotros, aquello que niega a Cristo, comienza a morir, comienza a transformarse en alegría, en motivo de gozo. Pero esta transición, lejos de hacerse en calma, es en ocasiones bastante violenta y bastante dolorosa, como cuando el pecado y el mundo en Cristo morían, para dar paso a la Resurrección. No podemos engañarnos ni engañar a nadie: lo primero que nos dan cuando somos bautizados es una cruz en la frente… ¡gloriosa cruz!

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