YO SOY EL CAMINO

Jesús le responde: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí

Juan 14, 6

Tomás le lanza una pregunta a Jesús: ¿Cómo podemos saber el camino? y el Señor le responde mucho más allá de lo que le está preguntando: Él es el camino. Esto significa que, lo oculto de Dios, lo prometido por Dios, la vida divina tienen acceso en Jesucristo, que, al hacerse hombre, abre el camino al hombre para que vaya a Dios y de manera gloriosa, su costado abierto en la Cruz derramando los sacramentos y la vía de la Iglesia, inaugura un nuevo camino perenne en la historia, el camino de su Cuerpo que es la Iglesia.

Él es la verdad, porque, como nos dice el texto de hoy, quien lo ha visto a Él ha visto al Padre, ya que está en el Padre y el Padre en Él. Todas las antiguas promesas han tenido cumplimiento en el Hijo mostrando de ese modo la veracidad de Dios, su fidelidad y verdad para su pueblo. Es verdad también en el sentido estricto de lo anunciado y enseñado por Jesús: en Él hemos aprendido y tenemos el modelo de lo que es ser verdaderamente hombres y mujeres nuevos y, gracias a sus enseñanzas, hemos crecido a lo largo de la historia como aquellos que poco a poco construyen en cada época, el pueblo de Dios.

Finalmente, es vida, porque en Él hayamos la fuente de la vida, Él es el que anima este cuerpo eclesial que todos formamos mediante la efusión del Espíritu Santo que nos acompaña. Cada miembro de este Cuerpo experimenta en sí mismo el aliento de Dios que le permite avanzar a través del propio desierto y los mares revueltos de cada cotidianidad y circunstancia. Él es la vida en el sentido amplio de la palabra, ya que Jesús es sinónimo de vida eterna, de gozo perpetuo, Él es nuestra esperanza de seguir viviendo aún después de la vida, porque hemos resucitado con Él.

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