MI YUGO ES LLEVADERO

Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Mateo 11, 29

La acción de gracias de Jesús deja ver el fondo de su corazón, los sentimientos más profundos que se puedan expresar. El Señor se centra en lo positivo: son muchas las personas humildes y sencillas que creyeron en Él y son ellas la base de la Iglesia, esta no se funda sobre la soberbia y la altivez de los sabios y entendidos, sobre el engreimiento de los llenos de sí mismos, sino sobre la sencillez y la humildad. Lo negativo, los que no creyeron en Él, aquellos que lo rechazaron, no cuenta para Jesús: su acción de gracias se dirige al Padre por aquellos que creyeron a sus palabras.

Después el Señor manifiesta el conocimiento mutuo del Padre y del Hijo y cómo el conocimiento por parte de los sencillos es obra del querer del Hijo al cumplir la voluntad del Padre: Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito (v.26) La revelación del Hijo es conocer al Padre y quien conoce al Padre, conoce también al Hijo.

Pero no se trata tan solo de un conocimiento intelectual, sino de un encuentro, por eso, en tercer lugar, invita a que vayamos a Él, especialmente cuando estemos pasándolo mal, cansados y agobiados. La consecuencia de este encuentro es el descanso para nuestras almas, ya que la ley de Cristo libera, otros yugos que nos pone el mundo, esclavizan: Porque mi yugo es suave y mi carga ligera (v.30). Reconocemos entonces que más que un encuentro intelectual, se trata de un encuentro real con el Emmanuel que nos conoce y con el Dios vivo que nos libera.

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