¿CREES EN LO QUE ORAS?

Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre

Mateo 7: 7-8

Es bueno preguntarnos como estamos ante esa necesidad tan básica del ser humano de sentirse autosuficiente y autoeficaz. El cristiano no escapa a esta necesidad, si bien, sabe que su fuerza y su poder vienen del Señor y con esta fuerza se dispone a transformar el mundo con sus manos. Pero podemos perder el norte y pensar que todo depende de nosotros, que no hay espacio para el misterio; es una situación en la que Dios providente no cabe, sencillamente es visto como una quimera y se prefiere actuar solo desde lo que dan nuestras propias fuerzas humanas.

Por esta vía se pueden lograr muchos objetivos, pero con el conocimiento del Dios providente el camino deja de ser tortuoso porque está fundado en la esperanza, los problemas y obstáculos que van surgiendo, se viven de otra manera, desde la paz y la confianza. El Señor no quiere que no nos sintamos dueños de nuestro obrar en el mundo, al contrario, quiere que vayamos y demos fruto que perdure.

Con respecto a la oración, la postura de quien no confía en Dios y solo confía en sus propias fuerzas, va minando la confianza en Dios providente, ya que, si todo depende de mí, lo que dependa de Dios sencillamente no resulta relevante o no existe. Pidámosle a Dios que nos ayude a renovar nuestra fe en la oración.

2 respuesta a “¿CREES EN LO QUE ORAS?”

  1. Hoy es como si estuviera escrito pensado en mi situación actual. Si uno siente que sus esfuerzos son totalmente ignorados o mas bien despreciados aunque son claramente la solución obvia al problema, al final se acaba por rendirse. Así me siento yo en mi trabajo.

    Que puede hacer una persona que ha acabado aprendiendo el vencimiento aprendido ‘learned helplessness’ (traductor por favor)? Buscarlo en otro lugar? Buscar un trabajo donde puede aportar sus dones para mejorar el mundo? Porque seguir rezando para una causa perdida ya parece inútil.

    1. Nuestra sensación de autoeficacia y de sentirnos útiles allí donde estemos poniendo todas nuestras capacidades y, a veces, no pocos sacrificios, depende, en el caso de los cristianos, de fijarnos muy atentamente en nuestro Señor Jesucristo. Tu misión es una misión importante para el mundo (de lo contrario no existiría tu puesto de trabajo), pero no se compara con la misión del Señor y, ya ves, querido amigo, cómo Él vino a los suyos y los suyos no lo recibieron (Juan 1, 11). No hay misión más grande que la de Cristo, ni de tanta relevancia para el mundo entero, sin embargo, ahí lo ves colgado de un madero, aparentemente fracasado.
      Nuestra autoeficacia y el sentirnos útiles reside, como cristianos que somos, no en los parámetros del mundo sino en la medida de Cristo. A alguien que ha aprendido la desesperanza, le aconsejaría que mire a Cristo y el misterio de su misión, de su trabajo en medio de los suyos a la luz de la Resurrección y posterior glorificación. Un abrazo.

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