JESÚS EN LA DECÁPOLIS

«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti»

Marcos 5:19

La gratitud surgida en el corazón del hombre liberado de la legión de demonios, le motiva a ir en pos de Jesús, de pedir seguirlo (v.18) Jesús no se lo permite, pues es conveniente seguir anunciando en aquella región el reino de Dios, y de hecho, el hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban (v.20). Para sus vecino tuvo que haber sido un alivio, motivo de alegría y de asombro, ver restituida la dignidad que este hombre había perdido y es que una humanidad que se recobra, siempre es motivo de alegría. De vivir en los sepulcros (v.3) pasó a vivir en su casa (v.19); de estar atado con cepos y cadenas, vino a ser tan libre como para anunciar las maravillas que Dios había hecho en su vida (v.20)

Jesús tiene el dominio y el poder sobre toda fuerza hostil y contraria a Dios. Ante él toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra, en el abismo. Solamente este texto tendría que servir a tantos cristianos que viven una relación con Dios y el mundo sobrenatural de manera supersticiosa: las fuerzas del mal no pueden tocar a un hijo de Dios y lo único que ha de encontrar el enemigo en nosotros es una actitud de aquel que ha vencido en Jesús. Claro que existe el mal y el Maligno; claro que las obras de las tinieblas están en medio de nosotros, pero ante ello hay que oponer resistencia desde la fe, porque es una promesa: la resistencia en la fe produce alejamiento del diablo (Santiago 4:7)

San Jerónimo explica el exorcismo de esta manera:

Es como si dijera: Sal de mi casa, ¿qué haces en mi morada? Yo deseo entrar, sal de este hombre. De este hombre, es decir, de este animal racional. Sal de este hombre, de esta morada preparada para mí. El Señor desea su casa»

Commentarium in Marcum 2

De todo este encuentro se produce algo maravilloso: Jesús indirectamente va allí donde quería ir, el endemoniado se convierte en misionero, un cambio radical de vida, aunque no todos creen en Jesús y, como hoy, son muchos los que ponen su mirada en los bienes materiales y glorias humanas, por encima incluso de la persona: no reconocen la obra de Dios en el endemoniado, ni Su poder, ni Su misericordia, su mirada llega solo hasta los cerdos que perdieron y que podían perder si Jesús se quedaba en su territorio y prefieren sus inmundicias al autor de la vida.

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LOS CAMINOS DE UN PROFETA

En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo

Lucas 4: 24

La Ley mandaba apedrear a aquellos que, teniéndose por profetas, quisieran extraviar al pueblo con sus enseñanzas (Deuteronomío, 13:2ss) Despeñarlo, eso es lo que quisieron hacer con Jesús, los de su propia casa, aquellos que le vieron crecer y trabajar en medio de ellos. Lo más impresionante es que, al principio se sienten maravillados y gozosos y, después, defraudados y airados. El motivo de este cambio tan radical es el no saber ver ni escuchar a aquel que tenían delante. Como muchos de nuestros contemporáneos, hay quienes ven en Dios, en Jesús-Dios-con-nosotros, al milagrero, el «chollo» para acabar con nuestros sufrimientos y carencias. Pero Él, su presencia en medio de nosotros ya es el verdadero milagro. Ver solo al hombre-Dios que hace milagros, es rebajar es hacer el más absurdo y desfavorable reduccionismo.

La inhumildad y el interés fueron, pues, la causa que les llevó a querer atentar contra Su vida, querer despeñarlo y apedrearlo. Pero Él se abrió paso en medio de ellos, ya que nadie le quita su vida, Él la entrega libremente (Juan 10:18): este es su mayor e inconmensurable don, la Vida Eterna.

Los caminos de los profetas pasan necesariamente por esta doble vía: son causa de gozo y de tristeza; de alegría y de rabia; de ánimo y cambio o de tozudez. Hablar la verdad siempre será un arma de doble filo. Que tengáis una bella semana.

OBRAR DEL DIOS SILENCIOSO

El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

Marcos 4: 26-29
La palabra «Gracia» puede suscitar en nosotros diversos sentimientos, entre ellos, el de la gratuidad y providencia divinas. Pero lo que más me gusta de este término, es que trasciende todo lo material y tiene también que ver con el silencioso obrar del Espíritu Santo en el alma del cristiano.

Hoy nos centran en los caminos del éxito, del triunfo, a veces cueste lo que cueste. Y en esta dinámica se siembra en el hombre un afán de control absoluto no solo del proceso, sino también del resultado. Este pasaje nos indica que, en el área espiritual, tanto el inicio, el proceso y el resultado (fruto) no dependen de nosotros, es una dinámica que escapa a nuestro control. No podemos manipular al Espíritu de Dios.

Lo nuestro es preparar la tierra, disponer el corazón, arrancar malas hierbas, disponer el terreno, allanándolo, ablandándolo, para que la semilla de la Palabra de Dios caiga en tierra buena.