Duelo que libera

Más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al abismo.

Marcos 9:41-50

Jesús no quiere que literalmente te saques los ojos o te cortes las manos o los pies, sino que purifiques tu mirada, endereces tu senda y obres el bien, porque Dios lo ha hecho todo bien y nos ha formado a su imagen y semejanza: cada una de las partes de nuestro cuerpo son una bendición, con tal de que se quiera ver.

Todo aquello que nubla el entendimiento, obstaculiza los pasos o hace que obremos el mal, suele ser percibido como algo que se posee y para muchos hasta forma parte de su propia vida, por ello, arrancarlos del ser suele traer dolor y hasta sufrimiento, pero ¡bendito dolor!

Un ejemplo de lo anterior podría ser alguien que fuma o que tiene algún otro vicio arraigado; no se puede pretender dejar de fumar sin estar dispuesto a pagar un precio por ello. Lo mismo en la vida espiritual y moral: un comportamiento que se pretenda cambiar siempre estará precedido por el duro pago de un precio, salvo milagro divino, donde Dios concede una gracia especial para una voluntad férrea e impertérrita. Que el Señor nos ayude en esta gran tarea.

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