SIGNOS

¿Por qué esta generación pide un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación

Marcos 8:12

A Jesús le piden un signo para ponerlo a prueba, para ver si sí era Dios. Tentar a Dios: he ahí la osadía más grande que el ser humano puede cometer y más para pedirle un signo. Nuestros contemporáneos exigen también signos, pruebas no solo de la existencia, sino también de la presencia de Dios en medio de nosotros. Pero, ¿qué más signos podemos pedir? ¿Por qué estando rodeados de signos, pedimos más? El milagro nos rodea, nos alcanza y hasta nos sacude a veces, pero, como bien escribió el conocido autor Jostein Gaarder, en El mundo de Sofía,


«Es como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo. En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma.»

Suelo decir a mis feligreses que vivimos rodeados del misterio, todo cuanto existe y que asumimos sin más es asombroso, y algo nos dice que no es solo fruto del azar, que todo es creación del Buen Dios y que su Creación basta para captar tanta grandeza en tanta hermosura. Después tenemos la revelación del Hijo: ¿cómo podían pedir un signo cuando tuvieron la suerte de poder contemplar con sus ojos Al Signo? Creo que los cristianos, sumidos en tantos corre-corres cotidianos; atareados con pesos con tantos agobios y preocupaciones, deberíamos de vez en cuando ir al campo, a la tranquilidad de la desconexión y, principalmente, a la oración, y dar así lugar a ese intuir primero que refresca tanto el espíritu como el intelecto.

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