Duelo que libera

Más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al abismo.

Marcos 9:41-50

Jesús no quiere que literalmente te saques los ojos o te cortes las manos o los pies, sino que purifiques tu mirada, endereces tu senda y obres el bien, porque Dios lo ha hecho todo bien y nos ha formado a su imagen y semejanza: cada una de las partes de nuestro cuerpo son una bendición, con tal de que se quiera ver.

Todo aquello que nubla el entendimiento, obstaculiza los pasos o hace que obremos el mal, suele ser percibido como algo que se posee y para muchos hasta forma parte de su propia vida, por ello, arrancarlos del ser suele traer dolor y hasta sufrimiento, pero ¡bendito dolor!

Un ejemplo de lo anterior podría ser alguien que fuma o que tiene algún otro vicio arraigado; no se puede pretender dejar de fumar sin estar dispuesto a pagar un precio por ello. Lo mismo en la vida espiritual y moral: un comportamiento que se pretenda cambiar siempre estará precedido por el duro pago de un precio, salvo milagro divino, donde Dios concede una gracia especial para una voluntad férrea e impertérrita. Que el Señor nos ayude en esta gran tarea.

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A FAVOR NUESTRO

El que no está contra nosotros está a favor nuestro

Marcos 9:40

¡Cuánta gente buena! Gente de toda clase, gente que habla idiomas diversos y vive un sin fin de culturas. Gente que ama, que sueña, que cree, que espera. Jesús los supo reconocer y nos enseña a apreciarlos cuando nos los encontremos en el camino. El silencio de la bondad se expresa también y de modo elocuente en la vida de tanta gente de buena voluntad.

Darnos cuenta de esta realidad puede llegar a constituir la base para erigir una verdadera tolerancia, que se base no en el soportar con paciencia al que está ahí al lado, sino en el reconocimiento del ser humano maravilloso que podamos llegar a descubrir. Creemos en el hombre, creemos que en cada uno hay un germen de bondad, aún en los más altos criminales: todos podemos cambiar, podemos pensar y llegar a sentir diferente, salvo desarreglos irreparables en algunas mentes.

Lo cierto es que, una vez más la imagen y semejanza con la que hemos sido creados, brillan con una luz inefable y maravillosa en las obras de amor que realizamos.

PRIMERO EL QUE SIRVE

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

Marcos 9:35

La mayoría de la gente ha asistido a alguna reunión familiar en el que nuestras madres o abuelas, después de haber estado trabajando mucho, nos preparan una rica comida y nos sirven, posponiéndose ellas al último lugar y al último puesto. Lo que describo bien pudiera ser una típica comida navideña, por ejemplo. ¿Quien es la más grande? Aquella que abnegadamente está sirviendo.

De entre los grupos de trabajo, ¿quién es el más grande? El que sirve, por ejemplo, el líder que con su servicio en pro de objetivos comunes hace que los demás se empeñen en las tareas que llevan a conquistar las metas del equipo.

En una parroquia, aquellos que gastan su vida por sus hermanos, son valorados y tenidos en cuenta por toda la comunidad, lo mismo acontece con los líderes políticos que buscan el bien de todos y no el egoísmo de sus propios intereses.

En definitiva, servir es una suerte, servir es la forma más noble de destacar, de mostrarse, de entregarse. Mientras más en silencio, más resuena la voz del servicio, mientras más humilde, más destaca su hermosura. José Allamano dijo alguna vez que el bien hay que hacerlo bien y sin ruidos, pues que el Señor nos ayude a lograrlo.

CREO, PERO AYUDA MI FALTA DE FE

Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda a mi falta de fe».

Marcos 9: 22-23

Una vez más estamos delante de un milagro de Jesús, esta vez, según muchos comentaristas, delante de un espíritu cuya manifestación se asemeja, según los síntomas descritos, a la epilepsia. Lo cierto es que se nos narra el drama y el sufrimiento del joven desde que era un niño.

El uso del condicional desata una respuesta contundente de parte del Señor, que aprovecha para dar una lección de vida: Todo es posible al que tiene fe. Ante esta increpación de Jesús, el padre del muchacho responde con un creo y reconoce su falta de fe y pide al Señor que la aumente. Me ha resultado siempre extraña esta distinción, pues parece que creer y tener fe no son sinónimos en este pasaje. Creer es un verbo que tiene que ver más con un acto del puro intelecto, mientras que tener fe, sería una aseveración intelectual cargada con un componente relacional y de encuentro con Dios. De esta forma, puedo prestar el asentimiento de mi razón e intelecto; mi inteligencia y todo el potencial de mi mundo psicológico, ante el hecho religioso, ante preceptos y leyes; ante ritos y costumbres mediante las cuales se manifiesta el hecho religioso, pero aún así estar apartado de Dios, sin haber tenido un encuentro personal con Jesucristo, Su Hijo, tal y como lo escribió el profeta Isaías: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está apartado de mí. (Isaías 29:13)

Y nosotros, ¿a nuestra creencia le añadimos encuentro? ¿Podríamos decir que creemos y que tenemos fe? Qué Él nos ayude en nuestra falta de fe.

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AMAD A VUESTROS ENEMIGOS

A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecir a los que os maldicen, orad por los que os injurian.

Lucas 6:27-38

Después de haber meditado sobre las Bienaventuranzas, san Lucas nos presenta el núcleo de las enseñanzas de Jesús. El perdón a los enemigos constituye todo un reto en la vida del cristiano, pues es tanto su medida como su tarea. Medida en tanto que sabremos cómo está realmente nuestra vida cristiana conforme vayamos siendo capaces de imitar al Padre en su perdón que en Cristo nos manifiesta al perdonar y misericordiosamente reconciliar al hombre enemistado con Él. Luego, el perdón es tarea porque nos concierne a todos imitar tal misericordia: perdónanos como nosotros perdonamos.

El Evangelio continúa mostrándonos una lista de agresiones que pueden ser cometidas contra nosotros y la manera de afrontarlas, para resumir todo en la regla de oro: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. El amor a los enemigos y a los que nos hacen daño, no ha de confundirse con actitudes contrarias al amor hacia uno mismo, sino que, por el contrario, es el medio de proteger nuestro mundo interior y nuestra autoestima de un modo certero: si el Señor nos ha dejado este mandato, no es en pro de los enemigos, sino en beneficio nuestro, aunque el amor puede llegar a doblegar corazones duros y ciegos a la caridad.

Por último, Jesús muestra la motivación principal de todas estas enseñanzas: el amor misericordioso del Padre: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. Su compasión es rebosante, su amor desbordante y gratuito, del mismo modo lo ha de ser el amor y la misericordia del cristiano. Que tengáis una bonita semana.

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TÚ ERES PEDRO

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Mt 16, 13-19

Muchos son los detractores de Pedro como la roca sobre la cual Cristo quiso construir la Iglesia. El demostrativo griego tauty es traducido como un posesivo, como si Cristo estuviera señalándose a sí mismo en el momento de pronunciar estas palabras, lo cual no tiene sentido por tres motivos: primer, por el contexto: sy ei Petros, kai epi tauty ty petra oikodomisw mou tyn ekklesían y por el significado de «petra»: Pedro = kephas = Petrus = Pedro.

En segundo lugar, Jesús le da la autoridad de atar y desatar. ¿Esto qué significa? Muy sencillo: el primer verbo habla de la facultad doctrinal de Pedro: Él es el garante de la doctrina de Jesús así como el auténtico intérprete de sus palabras,

En tercer lugar, por lógica: ¿Quién de los que ahora afirman tal desvío, vio a Jesús señalarse a sí mismo en el momento de decir «sobre esta roca edificaré mi Iglesia»? No deja de ser un argumento rebuscado y propio de quienes quieren justificar lo injustificable y negar lo innegable: la roca sobre la que construye Cristo es Pedro.

La autoridad que luego le confiere el Señor al apóstol sobre Su Ekklesía (asamblea) viene simbolizada en las llaves: suyas son las llaves de la casa, suya la potestad de incluir o excluir de la Ekklesía fundada por Jesús.

Hoy más que nunca, oremos por nuestro Santo Padre, que el Señor siga confirmando su autoridad y su ministerio, que lo ayude en su tarea de llevar a la Iglesia hasta el Maestro y Señor.

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PENSAR COMO DIOS

«¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (Marcos 8:33)

La pregunta que nos viene al escuchar este versículo es: ¿y cómo piensa Dios? La respuesta es muy sencilla: De la abundancia del corazón hablan los labios. Y si esto lo aplicamos al mismo Cristo tenemos una respuesta contundente: ¡Dios piensa como Cristo piensa! Ver a Cristo es ver al Padre, conocerlo a Él es conocer a Dios; ver cómo actuó, vivió, ver lo que hizo…sus obras manifiestan su sentir y su pensar.

Lo que pasa es que el obrar de Cristo, su forma de pensar contradice nuestros esquemas a veces tan arraigados en el alma y pueden resultar sus palabras verdaderamente paradójicas: para salvar la vida, hay que perderla; nos manda a no odiar a los enemigos y a rezar por los que nos maltratan para ser hijos del Padre. Este es Jesús, este es su pensamiento. Es así como piensa Dios.

EL CIEGO DE BETSAIDA

¿Ves algo?… Estaba curado y veía todo con claridad

Marcos 8:22-26

La curación del ciego de Betsaida prepara la confesión de fe de Pedro en los siguientes versículos. Una cosa que llama la atención es que la curación no es inmediata, sino progresiva. De igual modo, la fe de los discípulos va siendo progresiva, van entendiendo y conociendo quién es Jesús. Otro detalle precioso es que el ciego es conducido por Jesús fuera de la aldea. Es muy significativo que Jesús lo tome de la mano y lo conduzca al lugar donde luego le cura de su ceguera: creo que es exactamente el proceso que ocurre en nosotros y en otras personas.

Lo normal es que alguien más nos lleve ante Jesús, nos entregue el depósito de fe que ha recibido y vive, y nos deje a los pies del Maestro con todo y ceguera. Después Él nos toma de la mano, alzándonos de nuestra postración en el mundo, para conducirnos después, tomándonos de la mano, hasta el momento en el que empezamos a ver, de forma borrosa al principio para, progresivamente, ver con claridad. Es importante esta progresividad, ya que ver de repente la luz y las formas de la vida espiritual, puede constituir un verdadero shock más contraproducente que beneficioso: tenemos que ir siendo capaces de tanta Luz, el Espíritu Santo nos va guiando (algo progresivo) hacia la verdad plena.

Este proceso que se da en el ámbito individual, adquiere su forma más espléndida y visible en la Iglesia. No puedo más que asombrarme al ver tanto conocimiento y tanta doctrina junta en una institución tan antigua. Es majestuosa la forma como el Espíritu Santo deja su huella en cada documento magisterial, en cada acto, en cada actividad del Sumo Pontífice. Es sorprendente como donde ha podido sobreabundar el pecado, la gracia se ha derramado más desbordante que nunca. En definitiva, la Iglesia va creciendo conforme va siendo capaz de ver y es el mismo Señor de Betsaida el que la sigue y seguirá ungiendo con el Óleo Santo del Espíritu.

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¿AÚN NO ENTENDÉIS?

Lo dice porque no tenemos pan…

Marcos 8: 14-21

Preocupados porque sólo tenían un pan en la barca, los apóstoles parecen haber olvidado quién iba a bordo. Aquel que multiplicó panes y peces de sobra, el que dio de comer a una multitud.

Preocupados porque solo había un pan, se olvidan de que Él es el Pan Vivo bajado del cielo (Juan 6, 44-55), la verdadera comida.

Preocupados porque había solo un pan, no se dan cuenta de que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4) y la Palabra estaba junto a ellos, la Palabra hecha carne (Juan 1:14)

Y nosotros, ¿aún no lo entendemos? ¿Por qué andamos preocupados?

(NOTA: La anterior reflexión no tendrá grabación)

SIGNOS

¿Por qué esta generación pide un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación

Marcos 8:12

A Jesús le piden un signo para ponerlo a prueba, para ver si sí era Dios. Tentar a Dios: he ahí la osadía más grande que el ser humano puede cometer y más para pedirle un signo. Nuestros contemporáneos exigen también signos, pruebas no solo de la existencia, sino también de la presencia de Dios en medio de nosotros. Pero, ¿qué más signos podemos pedir? ¿Por qué estando rodeados de signos, pedimos más? El milagro nos rodea, nos alcanza y hasta nos sacude a veces, pero, como bien escribió el conocido autor Jostein Gaarder, en El mundo de Sofía,


«Es como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo. En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma.»

Suelo decir a mis feligreses que vivimos rodeados del misterio, todo cuanto existe y que asumimos sin más es asombroso, y algo nos dice que no es solo fruto del azar, que todo es creación del Buen Dios y que su Creación basta para captar tanta grandeza en tanta hermosura. Después tenemos la revelación del Hijo: ¿cómo podían pedir un signo cuando tuvieron la suerte de poder contemplar con sus ojos Al Signo? Creo que los cristianos, sumidos en tantos corre-corres cotidianos; atareados con pesos con tantos agobios y preocupaciones, deberíamos de vez en cuando ir al campo, a la tranquilidad de la desconexión y, principalmente, a la oración, y dar así lugar a ese intuir primero que refresca tanto el espíritu como el intelecto.

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