SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

«Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días le pusieron por nombre Jesús»

Lucas 2, 16-21

Hoy no nos es extraño decir que Jesús es Dios, que es el Hijo de Dios y también afirmar que es el Hijo de María. Llegar a esta convicción sin embargo, no ha sido tarea fácil, pues en los primeros siglos de la Iglesia se pusieron en duda aspectos de la realidad de Jesús que para nosotros hoy son sencillamente evidentes. Los Padres llamados apostólicos y apologetas lucharon ante grupos que negaban la verdadera humanidad de Jesús y para contestar a su error teológico, apelaron a la verdadera maternidad de María: ella no fue virtualmente madre del Verbo de Dios hecho carne (Juan 1ss) sino que su maternidad ha de entenderse en sentido propio, en cuanto madre de un hijo.

Con ello se va esclareciendo no solo la verdadera humanidad de Jesucristo, sino que también va surgiendo el desarrollo de una doctrina segura y hermosa sobre la identidad de la Virgen María en toda la historia de la salvación. Así, al hilo de la relación antitética entre Adán y Cristo, surge la relación antitética Eva – María y, en desarrollos posteriores, la relación María – Iglesia.

De manera pues que, María es verdaderamente madre, es decir, el Verbo asume verdaderamente carne de María; la suya es una maternidad virginal, en tanto que no hubo intervención de varón: su concepción es por obra y gracia del Espíritu Santo; y, finalmente, como nos lo anuncia la solemnidad de hoy, ella es verdaderamente la theotókos es decir, la Madre de Dios, porque quien iba creciendo en su vientre es Dios verdadero.

El Concilio de Éfeso (año 431) es donde queda definido este dogma:

«De esta manera ellos (los santos Padres) no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen, no ciertamente porque la naturaleza del Verbo o su divinidad hubiera tenido origen en la santa Virgen, sino que, porque nació de ella el santo cuerpo dotado de alma racional, a la cual el Verbo se unió sustancialmente, se dice que el Verbo nació según la carne.» (D 251)

Que la Madre de Dios os bendiga en este año que empezamos.

SAN SILVESTRE I

«Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.»

Juan 1, 16

Pensemos por un momento: Si el Verbo de Dios se hizo carne, si asumió todo lo humano llegando a ser verdaderamente hombre y todo esto sin dejar de ser Dios, hemos de decir que en Él, en su plena humanidad divina y en su divinidad humanada, todos los que con él compartimos su misma naturaleza humana, somos destinatarios de todas las gracias con las que el divino Amor llenó la humanidad asumida en la persona de Jesús. ¡Qué mareo! ¿Verdad? Quizá sea más difícil de expresar que de entender.

Lo cierto es que, la realidad de la Encarnación expresa ya la plenitud de los dones recibidos y anticipa lo que como hombres podemos ya esperar como recibido.

Unos versículos más abajo se pone esta gracia como algo que va ligado a la verdad: La gracia y la verdad nos han llegado por Cristo (v.17), Él dijo de sí mismo: Yo soy el camino, y la verdad y la vida (Juan 14, 6), y pidió al Padre que santificara a los suyos en la verdad (Juan 17, 7), en la verdad de la Palabra, es decir, en la verdad que Jesús mismo nos enseñó y que contemplaron sus testigos (Juan 1, 14) oyendo a Jesús también con los ojos.

Cuando te sientas solo, desanimado, triste, frustrado ante cualquier revés que la vida te dé, no olvides nunca mirar a Jesús y recordar que ya has sido bendecido con toda clase de bienes (Efesios 1, 3) y que vas de gloria en gloria si vas caminando a Su lado, que la Gracia de Dios es tuya y que el Espíritu Santo habita en ti.

Pidamos a San Silvestre que interceda por nosotros.

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

«Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles.»

Lucas 2, 46

En la lectura del Eclesiástico que hemos escuchado se nos dice que el que teme al Señor honrará a sus padres, que será alguien paciente, incluso, cuando este chochee. Es hermoso ver a tantos hermanos y hermanas cristianos cuidando de sus padres ya mayores, en ocasiones bajo circunstancias tan duras como pueden ser enfermedades degenerativas o limitaciones de cualquier índole.

A muchos de estos cuidadores les he preguntado sobre su motivación al hacer lo que hacen con sus padres y su respuesta es la misma: «Ellos me cuidaron, ahora me toca a mí hacerlo» y más allá de una obligación, del cansancio y los sacrificios que llegan a hacer, lo hacen porque les mueve un profundo amor hacia aquellos que les dieron la vida. Creo que los hijos buenos y agradecidos abundan a nuestro alrededor, más que aquellos que, indolentes, dan la espalda, no solo a su obligación, sino también a la deuda de gratitud que tenemos con nuestros padres.

Creo que hemos de centrarnos en lo positivo de la familia, en los padres que cuidan de sus hijos, en los hijos que aman a sus padres, en los padres que se aman mutuamente y son capaces de sobrellevar mutuamente tantos conflictos, problemas y debilidades. Considero que es un error centrarnos solo en el índice de divorcios, de separaciones y demás datos estadísticos que llegan a nublar todo lo hermoso que aún se sigue dando en tantas familias. Y es que el amor silencioso no es noticia.

Tampoco es justo centrarse solo en pensar que «el modelo tradicional de familia» está desapareciendo o que se ve abocado a la extinción detrás de otros «modelos de familia». Muy al contrario: si creemos que la familia, según la concebimos los cristianos, tiene su fundamento en la Sagrada Familia, fiesta que celebramos hoy, sabremos que es el modelo de familia y no un modelo, porque es el lugar donde nació y vivió nuestro Salvador. Esto no se pone en conflicto con las concepciones modernas de familia, sino que, por contraste, nos deja ver todo el peso trascendente que tiene y seguirá teniendo una institución querida por Dios mismo.

Finalmente, invito a que cada uno revise su actitud en la familia, que se empleen todos los medios cristianos disponibles, tales como la reconciliación, el perdón, la paciencia mutua, el sobrellevar mutuamente las dificultades causadas por el carácter o por las circunstancias difíciles y estresantes. En definitiva, a llevar a la práctica en nuestras propias familias, el modelo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

CONCURSO DE BELENES ELCHE

Un grupo de hombres y mujeres de la comunidad estuvieron trabajando durante el Adviento en la elaboración del Belén de la Parroquia de San Francisco en el templo de Santa María del Mar de El Altet, Alicante. He sido testigo de todo el empeño y especial cariño con el que han estado trabajando, sacrificando buena parte de su tiempo libre. Muchos de ellos me han expresado que les motiva el amor a las tradiciones del pueblo. Y es que, desde que llegué a servir en esta comunidad, me he visto sorprendido por este valor que, según he podido apreciar, está bastante arraigado en los moradores de El Altet: el amor por sus tradiciones y por su pueblo.

Os dejo algunas fotos más del Belén que ha conseguido el primer puesto en el concurso de belenes de Elche. No me esperaba menos y expreso no solo mi gratitud dando voz a muchos habitantes que se congratulan con nuestro grupo de belenistas, sino que también hago público lo orgulloso que me siento de mis hermanos belenistas.