DANDO PLENITUD

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Mateo 5, 17-19

La Biblia está compuesta, como sabemos, por el Antiguo Testamento, donde se nos presenta, principalmente, la historia del pueblo de Israel, e igualmente está lleno de géneros literarios diversos que nos enseñan la sabiduría del pueblo elegido, la profecía, la apocalíptica y la poesía. El tema central es la obra de Dios en la historia del pueblo y la promesa de un salvador definitivo; la posesión de la tierra que mana leche y miel.

Luego tenemos el Nuevo Testamento, donde se nos narra por medio de cuatro testimonios distintos la vida y obra del Mesías esperado, de Jesús de Nazaret y el desarrollo histórico que tuvieron las primeras comunidades cristianas. Como vemos, el Nuevo Testamento se inserta en el Antiguo, es de alguna manera, continuidad de este, da un contexto en el que se desarrolla y se derrama el vino nuevo traído por Jesús.

El Antiguo Testamento se entiende verdadera y esencialmente solo desde la figura de Jesús, es por ello que Él constituye la plenitud del mensaje contenido en la primera parte de la Biblia, sin Jesús de trasfondo, el Antiguo Testamento sencillamente, no se entiende. Por eso dijo que no había venido a abolir la Ley sino a darle plenitud: Él ha venido a iluminar lo que estaba escrito en los antiguos libros y ha venido a desvelar su contenido de una manera plena.

DIOS NOS ALIENTA

El nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás

2 Corintios 1, 1-7

San Pablo da gracias a Dios a quien llama Padre de misericordia y Dios del consuelo. Y es que la misericordia de Dios se derrama sobre nosotros a través del consuelo que recibimos en nuestra vida, así, podemos afirmar, que el consuelo cristiano es una obra de misericordia porque viene del Dios misericordia y Él es la fuente por la que podemos nosotros ser misericordiosos practicando el consuelo cristiano.

¿En qué consiste tal consuelo? Lo más relevante en el texto es el aliento en nuestras luchas. Es una disposición mediante la cual se infunde ánimos en el que afronta cualquier lucha, pero no como quien da algo suyo, sino como quien comparte algo que a su vez ha recibido: si somos capaces de alentar a otros es porque nosotros mismos hemos recibido el aliento de Dios, dice el apóstol.


Otra forma que aparece implícita es la de la escucha: cuando escuchamos al otro ya estamos alentándole y, si pasamos de la escucha al consejo, plenamente estamos alentando, pues quien nos pide consejo nos pide que compartamos de lo que somos, aquello que hemos recibido, así nos volvemos en palabras de San Pablo, compañeros en el sufrir y también en el buen ánimo.

YO HE VENCIDO AL MUNDO

Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.

Juan 16, 33

Jesús no engaña a los suyos: les anticipa que lo pasarán mal a través de persecuciones y luchas. Aparentemente, los enemigos de Jesús triunfaron al verlo en la cruz, del mismo modo, los enemigos de la Iglesia que se tuvo que dispersar a causa de las persecuciones que se desataron contra los discípulos de Jesús, parece que hubieran triunfado, pero todo solo en apariencia.

Hay que entender el misterio de la cruz para darse cuenta que tras esta, vino la resurrección y la glorificación del Señor, que la cruz fue el camino hacia la gloria. Es necesario saber ver la obra redentora en el madero, para darse cuenta que el mundo y el pecado fueron vencidos en él, esa no fue una muerte, fue un sacrificio, el último y definitivo sacrificio del Cordero sin mancha que quita el pecado del mundo.

También hay que entender el misterio de la Iglesia que empieza a ser perseguida, como lo fueron los santos mártires Carlos Luanga y compañeros y como lo sigue siendo ahora en muchas realidades en las que nos toca vivir. La persecución resultó en bendición: el Evangelio se extendió rápidamente gracias a esto, y es que allí donde hay persecución por causa de Cristo, hay refuerzo de la fe y surgimiento de más corazones enamorados de Él, de ahí el dicho: «Sangre de mártires, semillas de cristianos».

Pero, sin irnos hasta el derramamiento de sangre, hay otras pequeñas persecuciones y dificultades en nuestro caminar. Ante ellas, el Señor nos dice que hallemos en Él la paz, que no nos preocupemos, que Él ha vencido al mundo, nos pide, ante todo, que tengamos valor, ¡cómo no tenerlo cuando Él va con nosotros!

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR 

¿Qué significado tiene la Solemnidad que hoy celebramos? Significa, principalmente, dos cosas: la primera tiene que ver con la consumación de la salvación de Cristo y la segunda, con la glorificación o elevación de nuestra naturaleza humana.

El camino hacia la Cruz empieza en Galilea y es en Jerusalén donde termina, de ahí que los discípulos fueran instruidos para quedarse en esta ciudad. Ya el Señor había asumido todos los pecados y consigo los había llevado hasta la Cruz. Habiendo sido revestido desde su concepción de toda forma humana, menos el pecado, ahora redimía al hombre haciéndose por él pecado, para que todo fuera reconciliado con su muerte con Dios Padre. Todo lo antiguo fue sepultado con Él y por Él el hombre nuevo resucitó. En la Ascensión vemos cómo este gran misterio de salvación es consumado al ser exaltado lo que había sido asumido, al ser glorificado cuanto había sido salvado, esto es, todo lo humano.

Entramos, en segundo lugar, a meditar sobre este otro gran misterio: la naturaleza humana es elevada. Se entiende fácilmente si nos fijamos en el misterio de la Encarnación: el Verbo de Dios se hizo carne, tomó carne humana, una naturaleza que posteriormente salva, resucita y, en la Ascensión, glorifica. No es difícil entender que en Cristo todo lo humano está sentado a la derecha del Padre, que Él es anticipo de lo que habremos de vivir como Iglesia y como miembros de esta. Que el Espíritu Santo nos ilumine para que vivamos de acuerdo a estos grandes misterios.


LA VISITACIÓN

«Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

LUCAS 1, 45

María es modelo de creyente. Porque creyó en su corazón concibió en su vientre y gracias a su concepción, las promesas de Dios se cumplieron, no solo en ella, sino también para todo el género humano, especialmente la promesa del Redentor, así, el Esperado nació de un corazón creyente.


Pero la fe de María no se encerró en ella como algo que tuviera que ser vivido solo en la intimidad del corazón. Lo propio de la fe es abrirse, expandirse, salir. Ella fue al encuentro de una anciana necesitada y en este encuentro se obra el milagro de la unción del precursor.


Es también propio de la fe dar testimonio de la obra de Dios en cada uno de nosotros. Ella en respuesta al saludo de Isabel entona el canto del Magnificat, como popularmente lo conocemos, todo un gesto de alabanza a Dios. Aprendamos, pues, de María, creyente fiel, modelo de entrega y respuesta a Dios.

VUESTRA TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN ALEGRÍA

En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

Juan 16, 20

El Señor continúa en este capítulo con el tema de la despedida de los suyos: en breve desaparecerá de su vista tan solo en apariencia, será enterrado, en apariencia, todo habrá acabado. Luego les promete que volverán a verlo, anunciando de esta manera que habría de resucitar de entre los muertos, en ambos casos, el morir y el resucitar, se darán en un breve lapso de tiempo: Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver (Jn 16, 16)

La muerte del Señor en la Cruz fue motivo de tristeza y desconcierto por parte de sus discípulos, así que Jesús les anuncia el llanto, pero también el júbilo, la alegría que traería la resurrección: el luto se transformó en alegría; la alegría del mundo (aquellos que no lo recibieron ni creyeron en su nombre) se transformó en tristeza.

Esta misma dinámica la evidenciamos hoy en medio del hombre o la mujer que comienzan a vivir de acuerdo al Evangelio, los cristianos, necesitados de conversión constante, tampoco escapamos a este proceso: cuando lo mundano en nosotros, aquello que niega a Cristo, comienza a morir, comienza a transformarse en alegría, en motivo de gozo. Pero esta transición, lejos de hacerse en calma, es en ocasiones bastante violenta y bastante dolorosa, como cuando el pecado y el mundo en Cristo morían, para dar paso a la Resurrección. No podemos engañarnos ni engañar a nadie: lo primero que nos dan cuando somos bautizados es una cruz en la frente… ¡gloriosa cruz!

IGUALDAD DE PERSONAS

Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.

Juan 16, 12-15

Una de las funciones del Espíritu Santo es la de guiarnos hasta la verdad plena. Hoy en día evidenciamos en la Iglesia esta verdad cuando oímos la voz de nuestros pastores que nos iluminan sobre temas que son a veces tan controvertidos y en las que los creyentes podemos llegar a sentirnos como nadando contracorriente y a veces hasta perdidos. Lo más bonito de todo esto, es que se hace apelando a la razón de cada uno de nosotros, sin imposiciones más que las que la verdad misma evidencia, de tal forma que, el oír la voz de la Iglesia sea siempre oír la voz de Dios mismo, y es esta dinámica la que diferencia a la Iglesia de una secta o de un adoctrinamiento pernicioso. Así, cuando ha habido voces que se alzan de parte de Dios viniendo estas solo del sentir humano, del mundo, la Iglesia siempre ha sabido reaccionar, porque no cabe otro mensajero que el Espíritu Santo que habla a través de los legítimos pastores.

Y, en cuanto al mensaje, podemos estar seguros de que el Espíritu habla lo que Dios quiere, de lo que le ha dado al Hijo, he ahí la evidencia de que las tres personas poseen el mismo querer y el mismo designio para nuestra salvación y para que vivamos nuestra vida dando el fruto que Dios quiere.

LA VOLUNTAD DEL PADRE

«Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Juan 6, 40

La primera lectura de hoy nos habla de la dispersión de los discípulos y nos presenta la figura de Felipe (Hch 8,1b-8) Me llama la atención la presencia central y fundamento de las obras que hacían los discípulos en nombre del Señor: el testimonio de los signos es crucial para que se encendiera la fe en los discípulos.

En el Evangelio Jesús nos revela la voluntad del Padre: nuestra salvación, la posesión de la vida eterna: que todo el que ve al hijo y cree en el tenga vida eterna, por tanto, ¿dónde vemos a Jesús para poder creer en Él? La respuesta es clara: en cada cristiano, en los signos que hace de parte del Señor. Vemos al Señor en todos los ámbitos a los que ha querido ligar su presencia. En primer lugar, en la Eucaristía, allí su presencia es real y substancial, cuerpo, alma y divinidad, todo Él se hace pan y vino para ser nuestro alimento. En segundo lugar, en las obras de la Iglesia, formada por cada uno de los bautizados. Ojalá que sepamos dar el testimonio de vida debido, para que muchos puedan ver en nosotros al Señor y creer así en Él.

PAN DE VIDA

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mi no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.» Juan 6, 30-35

En este fragmento del Evangelio Jesús habla claramente: él es el pan de vida. La Escritura dice que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Jesús es la Palabra hecha carne y queda claro así que quien lo come vivirá comer de este pan significa ir a Él, de ese modo, El hambre del hombre será totalmente saciada.

Él es la fuente viva y ríos de agua viva fluyen para el creyente. La sed queda calmada totalmente al creer en Él, así, la fe, el creer, calma nuestra sed.

Se muestra una relación intrínseca entre ir a Jesús y creer en Jesús; entre creerle a Él y creer en Él.

En la Eucaristía encontramos estas dos líneas, pues creemos a Jesús cuando escuchamos y atesoramos su palabra proclamada y vamos a Jesús cuando nos acercamos a comulgar. Señor, auméntanos la fe.

ALIMENTO QUE PERDURA

«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»

Juan 6,22-29

Lo más triste es que lleguemos a ser cosificados, que la gente nos busque solo por el interés de obtener algo; ser tenido en cuenta solo por lo que puedan sacar de nosotros. El utilitarismo está a la orden del día, es una triste realidad que afecta más el corazón humano cuánto más pierde de vista la condición intrínsecamente digna y de un valor sobrenatural de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios.

Cristo sufrió este sentimiento: también él se siente buscado solo porque calmó una necesidad básica: sació a los que tenían hambre porque tuvo compasión de ellos.

Los signos no dicen nada, solo un problema resuelto, eso es lo que importa, que Dios resuelva nuestros problemas.

Si bien es cierto que pedir a Dios lo básico para vivir dignamente es un deber de humildad, lo es también el hecho de que solo pedir o buscar a Dios solo cuando tengo necesidad, es un acto bastante bajo, indigno de hijos amados.

Dios es Padre Providente, busquémosle también y sobre todo cuando las cosas van bien. Que nuestra acción de gracias sea una constante y solo así no actuaremos de forma utilitarista con Dios.